La primera vez que te vi no tenía ni idea de que provacarías tal incendio en mi vida, desatado, descontrolado, furioso, que recorrería mi espina dorsal cada minuto que pasáramos juntos. Puede que fuera el mar de tus ojos, yo que sé.. o que seas un dandy, loco corazón sin remedio que me ha hecho perder la cabeza, pero en el momento exacto en el que me sostuviste la mirada, supe que estaba perdida.
A partir d ahí, llenamos páginas y páginas en este libro que parece no acabar nunca, porque cuando yo avanzo dos pasos, tú retrocedes cuatro, cuando me rozas mi piel, rehuye el contacto eléctrico de tus manos en un acto reflejo. Es irónico pero al menos esa parte de mí tiene claro que vas a acabar destrozándome y convirtiéndome en cenizas. Cedí a tus súplicas y te acompañe al baile, tiré mi orgullo y lo pisotee por ti, y ahora, aquí, desarmada y sin fuerzas para aguantar otra batalla más, solo espero que lo sueltes de una vez, porque aunque no lo suelas decir, me quieres, a veces.