Ya sé lo que te pasa. Eres incapaz de reconocer que te has enamorado. Que te gusta demasiado, que sientes celos y lo pasas mal, que la ves si cierras los ojos, que piensas más en ella de lo que tu piensas. Eres incapaz de reconocer que te has enamorado. Que te has enamorado de mi. Veo tu miedo al amor desde hace mucho tiempo. Tanto tiempo ya, que a mi, ya se me está congelando el sentimiento que tu eres incapaz de reconocer.







Me giró y te veo, te miro y estás ahí, sonriendo con esa sonrisa que me descoloca hasta las pecas de la nariz,
esa que hace que todo sea demasiado fácil. Estás hablando con unas chicas
que no conozco y ya tengo ganas de enviarlas al planeta del Principito.
Sinceramente creo que me estoy volviendo loca, odio a todas las personas del sexo femenino que te miran, sonríen o te tocan, porque tengo miedo a quedarme sin eso que llena mi vida entera,
porque tengo miedo a que algún día aparezca alguien con una bonita sonrisa que haga que te olvides de mi…
no son celos, es miedo a quedarme sola y vacía sin ti.



Porque aunque digan que siempre
hay un roto para un descocido,
muchas veces uno
es el que está roto, descocido y solo.
Que desaparescan todos los vecinos y se coman las sobras de mi inocencia. Que se vayan uno a uno los amigos y acribillen mi pedazo de conciencia. Que se consuman las palabras en los labios. Que contaminen todo el agua del planeta o que renuncien los filántropos y sabios. Y que se muera hoy hasta el último poeta. Pero que me quedes tú y me quede tu abrazo, y el beso que inventas cada día. Y que quede aquí, después del ocaso, para siempre tu melancolía. Porque yo, sí que dependo de ti. Y si me quedas tú, me queda la vida.